Tristana, el Galdós menos brillante

Si no has leído nada de Galdós, Tristana te ofrece una interesante (y quizás problemática) introducción al escritor. Es un libro que el autor pareció desechar antes de su publicación, mientras que muchos de sus partidarios y críticos quedaron decepcionados por el insatisfactorio (para ellos) final del autor.

Tristana sigue las pruebas y tribulaciones de la joven y huérfana Tristana y de los dos amantes de su vida. El primer amante es su guardián, Don Lepe, un anciano Don Juan que no pudo resistir una última conquista de la joven. El segundo amante es Horacio, un pintor con una formación similar a la de Tristana. Cuanto más tiempo pasa Tristana con Horacio, más tiende a rebelarse contra Don Lepe. Ella busca educarse y desarrollar sus talentos nacientes, soñando con una vida independiente en sus propios términos. Una enfermedad y una infección le hacen perder una pierna, destruyendo muchas de sus esperanzas para el futuro.

Tristana está a menudo en el centro de los acontecimientos, pero rara vez se desarrolla más allá de los cambios superficiales. Aunque trata de avanzar, personal y profesionalmente, siempre está a merced de las circunstancias. Galdós utiliza a menudo nombres para resaltar un punto o aportar ironía, y Tristana sigue ese patrón. Triste significa melancolía o tristeza, la posición en la vida a la que está destinada después de la muerte de sus padres y se convierte en la pupila de Don Lope y eventual amante. El nombre también alude al mítico Tristán y a la condenada historia de amor con Isolda, proporcionando un presagio de la relación de Tristana con Horacio. En una de sus cartas a Horacio, Tristana resume muchas de las creencias que expresa a lo largo de la novela.

Tristana había conocido a Horacio por accidente, continuando con él en secreto. Don Lope sabe que algo está pasando, pero se niega a detenerlo, sabiendo que ningún posible amante puede compararse con él. En este punto, tiene razón, aunque también hay mucha ironía en ello. La vida de Horacio comenzó similar a la de Tristana. Quedó huérfano y fue criado por un abuelo estricto. Pero cuando su abuelo muere, Horacio obtiene seguridad financiera de la herencia, lo que le permite seguir con su amor por la pintura. Su vida bohemia en un suburbio de Madrid, sin embargo, es sólo actuar. Se distrae fácilmente con Tristana. Actúa como un rebelde, pero Tristana es la verdadera inconformista. Tristana no es como se imaginaba que sería su futura esposa. Una sección de la novela traza las cartas intercambiadas por los amantes durante una separación, y mientras están separados Tristana deifica a Horacio en su mente. No hay manera de que Horacio pueda estar a la altura de la elevación de Tristana y la decepciona una y otra vez, especialmente durante su tiempo de enfermedad y convalecencia.

En muchos sentidos, Don Lope (o más formalmente, Don Juan López Garrido), el anciano Don Juan, roba la novela. Sigue su propio código caballeresco pervertido. Su código tiene tantos giros y vueltas que no siempre puede seguir el ritmo de lo que cree que debe creer, pero se adhiere devotamente a él de todos modos. Cree que la generación más joven es muy inferior a la suya, pero también reconoce su salud en declive y su virilidad. Tristana habla de las conciencias duales de Don Lope, que se comporta como la nobleza o alguien de la calle según la situación. En cierto modo, Don Lope lleva a Tristana a los brazos de Horacio (y eventualmente a su cama), pero él sabe que ella volverá a él. Él es capaz de triunfar usando sus artimañas y experiencia. Al principio de la novela, el narrador (con un toque de ironía de Galdós) pone a Don Lope en el banquillo de los acusados y lo juzga.

Cada uno de los tres personajes principales dice ser un rebelde a su manera. Don Lope se mantiene al margen de las instituciones sociales hasta que la pobreza y la vejez cambian sus caminos. Tristana se vale de lo que considera sus derechos -de educación, de vocación, de evitar el matrimonio- hasta que recurre a una oferta de seguridad. Horacio juega al bohemio hasta que descubre las alegrías de la nobleza terrateniente. Todo el mundo recae en las estructuras de poder social existentes, pero Tristana es la única que no tiene una opción real en la materia.

En muchas de sus novelas, Galdós fue muy crítico con la sociedad española de finales del siglo XIX, señalando el limitado papel de la mujer. La antigua amante de Galdós, la novelista y activista Emilia Pardo Bazán, se lamentaba de que Galdós no hubiera podido desarrollar y concentrarse en lo que ella consideraba la preocupación central de la novela: la soledad y el aislamiento de Tristana (y, por tanto, de muchas mujeres españolas) debido a las limitadas opciones que tenía a su disposición. Bazán se sintió especialmente decepcionado por la pérdida de poder de la heroína, mientras que un arreglo tradicional gana al final. Como dijo Colin Partridge en su ensayo que acompaña a la traducción, Galdós podría haber convertido a Tristana en una mujer de éxito, como Carrie Meeber de Theodore Dreiser, una novela estrenada más o menos al mismo tiempo que Tristana, pero el Madrid de la época no ofrecía las mismas oportunidades que Chicago o Nueva York. Galdós se mantiene fiel a la vida real, evitando una fácil resolución ideológica que sonaría falsa.

Como señaló el crítico y escritor español Clarín (Leopoldo Alas), la inmadurez y falta de desarrollo de Tristana se debe a que está a merced de fuerzas mucho más poderosas de lo que podría esperar superar. Está condenada al fracaso por las convenciones sociales impuestas. De esta manera, Tristana se parece mucho a la heroína de Alas, Ana Ozores, en La Regenta, estrenada pocos años después (y hay varias similitudes más en La Regenta que se encuentran en Tristana, como el rápido envejecimiento en hombres mayores, aparentemente causado por conquistas sexuales).

Una de las peculiaridades de la novela, comparada con otras obras de Galdós (y Colin Partridge también lo señala en su comentario), es que Tristana se desarrolla en el extenso suburbio madrileño del norte de Chamberí. En lugar de la vida urbana habitual, abarrotada y bulliciosa de otras de sus novelas, Galdós aísla a estos personajes fuera de la sociedad dominante. Mientras cada uno de los tres protagonistas representa algo más grande, la corbata se siente mucho más floja que en las otras novelas de Galdós debido a este aislamiento. En este sentido creo que Galdós consiguió precisamente lo que Bazán quería ver. Esta es la historia de Tristana, y refleja exactamente las mismas críticas que Bazán tuvo. ¿Satisface el final? No, y ese es precisamente el punto. Los personajes no viven felices para siempre a pesar del ambiguo final.

El mensaje de Galdós es evasivo, no porque sea confuso, sino porque sus puntos aparentes podrían aplicarse a algo más que su tema inmediato. Su comentario sobre la moralidad de la edad comparte el deseo de que la gente sea libre de hacer lo que quiera, pero las influencias y el poder social hacen que la gente actúe en contra de sus intereses. Sin embargo, a los tres personajes les falta algo y recurren a las normas sociales, casi con alivio y beneficio. La suerte de Tristana es la peor, ella esencialmente dice que es mercancía dañada, no apta para nada después de que Don Lope se saliera con la suya. Sin embargo, nunca puede seguir adelante con ningún intento de independencia, ni siquiera con otros que intentan ayudarla a lograrlo. Es una novela maravillosa porque Galdós evita una respuesta fácil, no atiende a resoluciones ideológicas que se habrían sentido falsas a la vez que proporciona muchos comentarios sociales a lo largo del camino. Muy recomendable.

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