Benito Pérez Galdós nace en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843. Estudia en el Colegio de San Agustín con un profesorado formado en los principios de la Ilustración, hecho que despertó su espíritu crítico, su afición por la Historia y el gusto por las artes plásticas. En 1862, finalizados sus estudios de Secundaria, viaja a Tenerife para obtener el título de Bachiller en Artes. Posteriormente se trasladará a Madrid para estudiar la carrera de Leyes. Paralelamente a sus estudios frecuenta el Ateneo y otras tertulias de intelectuales y artistas. A través de ellas y de sus paseos por la ciudad va conociendo la vida de Madrid y es testigo de los acontecimientos políticos e históricos del momento. Estas experiencias quedarán reflejadas en sus trabajos periodísticos y en las primeras novelas: La Fontana de Oro y El audaz. En esta etapa concibe e inicia también la publicación de los Episodios nacionales con Trafalgar, obra que inicia la primera serie en 1873.

Viaja por toda Europa donde el conocimiento y contraste de la realidad española con la de otros países estimula su preocupación por la modernización de España lo que se reflejará tanto en la producción literaria de estos años como en su interés por la política.

Las novelas de esta época: Tormento, La de Bringas, Lo prohibido, Fortunata y Jacinta, Ángel Guerra, Tristana… son fruto de una profunda reflexión y testimonio de su planteamiento renovador del género novelístico. Galdós se convierte en el máximo exponente del realismo español, como lo fueron en Francia Balzac, Zola y Flaubert.

En 1892 se inicia en el teatro con la obra Realidad. A este seguirán otros dramas como La loca de la casa o Gerona, que lo consagran como autor teatral ante el público y la crítica.

La Real Academia de la Lengua Española reconoce sus méritos y lo designa para ocupar el sillón “N” en el año 1897.

En esos años su labor literaria sigue siendo muy intensa: publica las series tercera, cuarta y quinta de los Episodios nacionales y se entrega cada vez más al teatro. En este género, como en las últimas novelas, evoluciona hacia planteamientos más espiritualistas y simbolistas. Casandra, Electra, Santa Juana de Castilla, El caballero encantado o La razón de la sinrazón son claros ejemplos de esta evolución, no muy bien comprendida en su momento.

Continúa su actividad política siendo elegido Diputado a Cortes por Madrid en 1910 y por Las Palmas en 1914 ante la insistencia de sus paisanos.

En sus últimos años los problemas de visión se agudizan hasta quedar completamente ciego. Muere en Madrid, el 4 de enero de 1920.